Kurhaus y Casino de Baden-Baden: historia y grandeza - Baden-baden
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Destino

Kurhaus y Casino de Baden-Baden: historia y grandeza

Baden-baden, Germany

Orígenes de la Conversationshaus

El Kurhaus, encargado en 1821 por el gran duque Luis, se concibió como el gran punto de encuentro social para quienes acudían a tomar las aguas. Construido entre 1821 y 1824 sobre el solar de la antigua Promenadenhaus de 1766, el complejo recibió en su origen el nombre de Conversationshaus. Ofrecía un elegante refugio cubierto donde los huéspedes del balneario podían pasear si el tiempo no acompañaba, leer, asistir a conciertos y probar suerte en apuestas discretas.

Ubicado entre el casco histórico de Baden-Baden y el frondoso parque de la Lichtentaler Allee, el edificio vertebra el célebre distrito termal de la ciudad. Hoy en día, el Kurhaus es un hito arquitectónico indiscutible dentro de las «Grandes ciudades balneario de Europa», declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco, y encarna a la perfección la tradición decimonónica europea de aunar las curas de salud con la vida de la alta sociedad.

Arquitectura neoclásica y salones franceses

El complejo refleja la visión de Friedrich Weinbrenner, arquitecto de la corte de Karlsruhe, quien concibió la estructura principal con una sobria elegancia neoclásica. El cuerpo central, levantado entre 1821 y 1823, destaca por su pórtico exterior sostenido por ocho columnas corintias labradas en arenisca del valle del Murg. Sobre ellas corre un friso de estilo clásico poblado por parejas de grifos. Justo tras la fachada principal aguarda la Weinbrennersaal, la sala de conversación original del edificio.

Con el paso de las décadas, el edificio fue creciendo para dar cabida a una vida social cada vez más intensa y a la creciente afición al juego. Entre 1853 y 1854, el ala derecha se engalanó con salas de juego inspiradas en los palacios reales franceses, con una opulencia que evocaba Versalles, el estilo Luis XVI y el Salón Pompadour. Más tarde, entre 1912 y 1917, el arquitecto August Stürzenacker añadió el ala izquierda, incorporando una escalinata monumental y la Bénazetsaal, sala que fue completamente modernizada en 2011.

Por fuera reina la disciplina de una impecable fachada neoclásica de un blanco impoluto; por dentro, los salones de juego son un derroche de artes decorativas francesas. Las estancias deslumbran con paredes enteladas en damasco carmesí, alfombras de un rojo bermellón profundo, querubines dorados, fastuosas arañas de cristal y las inconfundibles mesas de juego vestidas con su tradicional paño verde.

La era Bénazet y la capital estival de Europa

El rumbo del Kurhaus cambió de forma radical en 1838, cuando Francia prohibió los casinos y casas de juego en todo el país. El empresario parisino Jacques Bénazet vio la oportunidad y trasladó su negocio de París a Baden-Baden. Jacques, y posteriormente su hijo Édouard, contrataron a escenógrafos y artesanos teatrales de París para transformar aquellos salones en auténticos palacios del azar.

Bajo la batuta de la familia Bénazet, el casino sedujo a miembros de la realeza internacional, aristócratas, diplomáticos y artistas, consagrando a Baden-Baden como la célebre «capital estival de Europa». Décadas más tarde, la actriz Marlene Dietrich dejaría una frase para la historia al proclamar que era «el casino más bello del mundo». Pero el beneficio no solo alimentaba el entretenimiento: la recaudación de las mesas financió directamente las grandes obras públicas de la ciudad. Gracias a la fortuna de los Bénazet se costearon el teatro municipal, la red de parques y el hipódromo de Iffezheim.

Leyendas literarias y tradiciones al anochecer

La atmósfera de altas apuestas de estos salones ha propiciado episodios históricos memorables. En la década de 1860, el escritor ruso Fiódor Dostoyevski frecuentó el casino del Kurhaus hasta hundirse en unas deudas de juego ruinosas. Acorralado por las pérdidas y por un contrato editorial implacable, vertió toda esa vivencia en su novela de 1866 El jugador, escrita en una carrera frenética contra el reloj.

Fuera del recinto, el Kurgarten conserva sus farolas históricas alimentadas por gas. Fieles a una tradición centenaria, estos candelabros de varios brazos se siguen encendiendo a mano al caer la tarde, bañando los jardines y las columnatas en una luz cálida mientras los visitantes empiezan a congregarse para disfrutar de la noche.

Juego moderno, cultura y acceso al público

El Casino de Baden-Baden mantiene plenamente activas sus mesas de juego, ofreciendo ruleta, blackjack y póquer junto a máquinas de azar en sus salones históricos. Más allá del tapete, el Kurhaus funciona como centro cívico y de congresos, y acoge galas, reuniones corporativas y conciertos de la Orquesta Filarmónica de Baden-Baden tanto en la Weinbrennersaal como en la Bénazetsaal.

Para contemplar estos interiores históricos no hace falta apostar un solo euro: por las mañanas y a mediodía se organizan visitas guiadas de interés histórico y arquitectónico antes de que comiencen las partidas. Además, las columnatas contiguas del Kurhaus albergan tiendas exclusivas, taquillas para espectáculos culturales y, en la planta baja, el restaurante Hectors.

FAQ

¿Se pueden visitar las salas históricas del casino sin jugar?

Sí, se organizan visitas guiadas históricas y arquitectónicas por las mañanas y a mediodía, lo que permite recorrer los salones antes de que abran las mesas de juego habituales.

¿Quién diseñó el Kurhaus y Casino de Baden-Baden?

El edificio central neoclásico original fue diseñado por el arquitecto de la corte de Karlsruhe, Friedrich Weinbrenner, entre 1821 y 1824. En la década de 1850 se añadieron los salones de juego y, entre 1912 y 1917, el arquitecto August Stürzenacker llevó a cabo nuevas ampliaciones.

¿Qué novela se inspiró en las partidas del Kurhaus?

El novelista ruso Fiódor Dostoyevski escribió en 1866 su obra 'El jugador' a contrarreloj para saldar las monumentales deudas que había contraído en el Casino de Baden-Baden durante esa misma década.

¿Cómo influyeron los beneficios del casino en la ciudad de Baden-Baden?

Los empresarios del casino, Jacques y Édouard Bénazet, reinvirtieron las ganancias del juego en la infraestructura cívica de Baden-Baden, financiando el teatro municipal, una amplia red de parques y el hipódromo de Iffezheim.

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