Templo romano de Évora: historia y arquitectura - Evora
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Destino

Templo romano de Évora: historia y arquitectura

Evora, Portugal

Las imponentes columnas de granito y mármol de este templo romano del siglo I se levantaron en honor al emperador Augusto. Situado en el punto más alto del centro histórico de Évora, el templo romano corona la acrópolis cívica de la ciudad. Construida a principios del siglo I d. C., en plena época augustea, la estructura sirvió originalmente como el santuario religioso central del foro romano de Liberalitas Iulia. Hoy en día, es uno de los grandes emblemas de Évora en su condición de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Esplendor arquitectónico de la era augustea

El monumento es un templo corintio hexástilo alzado sobre un podio rectangular de granito de unos 25 por 15 metros. Catorce de sus columnas originales siguen en pie. Su estética se define por un contraste visual fascinante: los fustes están tallados en un granito alentejano rugoso y gris oscuro, mientras que los ornamentados capiteles corintios y las basas del arquitrabe lucen un mármol blanco crema de Estremoz.

Las excavaciones arqueológicas han revelado que el templo estuvo rodeado en su origen por un gran estanque que reflejaba su silueta y multiplicaba la grandiosidad del santuario en la Antigüedad.

La paradoja del matadero

El templo romano de Évora está considerado una de las ruinas romanas mejor conservadas de la península ibérica. Sin embargo, su extraordinario estado no se debe a la devoción, sino a un pragmatismo absoluto a la hora de reciclar el edificio a lo largo de los siglos.

Tras sufrir daños durante las invasiones germánicas del siglo V, la ruina acabó incorporada a las fortificaciones del castillo de Évora durante la Edad Media. Los espacios entre sus imponentes columnas se tapiaron con mampostería y la parte superior se coronó con almenas. Desde el siglo XIV hasta 1836, esta estructura emparedada desempeñó las funciones más mundanas imaginables: almacén fortificado del castillo, depósito de leña y, sobre todo, matadero municipal y carnicería.

El hecho de tapiar las columnas protegió las piedras del expolio de constructores posteriores, un peligro muy real si tenemos en cuenta que, en 1467, el rey Alfonso V autorizó expresamente extraer piedra del templo para otras obras defensivas de la ciudad.

El rescate del monumento romano

El templo que contemplamos hoy es fruto de una profunda restauración de época romántica. Entre la década de 1840 y 1871, Joaquim António da Cunha Rivara y el arquitecto Giuseppe Cinatti lideraron los trabajos para desmontar los muros de relleno medievales y devolver la luz a las antiguas columnas romanas que escondían.

Hoy, el monumento se alza con orgullo en el peatonal Largo Conde de Vila Flor, flanqueado por lugares imprescindibles como la catedral y el Museo de Évora. La ruina se puede contemplar gratis a cualquier hora y luce una iluminación espectacular de noche. Aunque puedes acercarte a todo el perímetro, subirse al podio elevado de piedra está terminantemente prohibido para proteger este enclave histórico.

La leyenda de Diana

Durante siglos, el templo se ha conocido popularmente como el «templo de Diana». Sin embargo, la arqueología no respalda este nombre en absoluto. El apodo procede de una leyenda del siglo XVII que vinculó erróneamente el edificio con la diosa romana de la caza, cuando en realidad el consenso histórico confirma que estuvo dedicado al culto imperial a Augusto.

FAQ

¿Por qué se llama templo de Diana?

El nombre de «templo de Diana» proviene de una leyenda del siglo XVII que relacionaba el lugar con la diosa romana de la caza. Sin embargo, las pruebas arqueológicas demuestran que en realidad estaba dedicado al culto imperial al emperador Augusto.

¿Se puede entrar al templo romano de Évora?

Se puede recorrer todo el perímetro del monumento a cualquier hora, pero está terminantemente prohibido subirse al podio elevado de piedra para preservar las ruinas históricas.

¿Cómo logró sobrevivir tan intacto el templo romano de Évora?

El templo sobrevivió gracias a que se integró en el castillo medieval de Évora y sus columnas se tapiaron con mampostería. Durante casi 500 años, la estructura cerrada funcionó como matadero municipal, lo que protegió sus piedras antiguas del desmantelamiento y el expolio.

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