
Palacio Nacional de Sintra: las chimeneas gemelas
Bajo dos imponentes chimeneas blancas de 33 metros de altura descansa la residencia real medieval mejor conservada de Portugal, presidiendo el auténtico corazón de Sintra. A diferencia del palacio de la Pena o del castillo de los Moros, encaramados en las cumbres, el Palacio Nacional de Sintra se alza en pleno valle, en la céntrica Praça da República. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995, es un testimonio vivo de siglos de historia monárquica lusa.
Un tapiz de estilos arquitectónicos
El palacio es una insólita mezcla de arquitectura gótica, manuelina, mudéjar y renacentista. Sus estancias albergan una de las colecciones más importantes de azulejos hispanomusulmanes primitivos. Los ricos azulejos mudéjares en relieve con patrones geométricos visten las salas interiores, mientras que las cúpulas octogonales de madera con artesonado lucen elegantes ribetes dorados. El complejo conserva además juegos de agua corriente en sus patios interiores, como la fuente de la Sala de los Árabes.
Siglos de historia regia
Los orígenes del lugar se remontan al dominio islámico de los siglos X u XI. En 1147, tras la toma de Lisboa a manos del rey Alfonso Enríquez, pasó a manos de la Corona portuguesa. A lo largo de los siglos, los monarcas portugueses recurrieron a este enclave como refugio estival para huir del calor y como santuario seguro durante los brotes de peste que asolaban Lisboa.
A principios del siglo XV, el rey Juan I emprendió una monumental remodelación, levantando la gigantesca cocina y salas tan emblemáticas como la Sala de los Cisnes o la Sala de las Urracas. Más tarde, a comienzos del siglo XVI, Manuel I amplió aún más el conjunto, incorporando la exuberancia decorativa del manuelino y la imponente Sala de los Blasones.
Secretos de las estancias reales
Los muros del palacio custodian incontables anécdotas y curiosidades históricas. La Sala de las Urracas debe su nombre a un techo decorado con 136 urracas que sostienen en el pico una filacteria con la frase «Por bem» («Por bien» o «Con honra»). Cuenta la tradición que el rey Juan I encargó esta pintura para acallar los chismes de palacio después de que la reina Felipa de Lancaster lo pillara ofreciéndole una rosa y un beso a una dama de honor.
En la Sala de los Blasones, la cúpula de madera dorada exhibe los escudos heráldicos de las 72 familias nobles más influyentes del Portugal del siglo XVI. Sin embargo, el espacio correspondiente a uno de ellos fue raspado y borrado deliberadamente por orden real. Esta condena al olvido tuvo lugar en el siglo XVIII, tras la ejecución y caída en desgracia de la familia Távora, acusada de conspirar para asesinar al rey José I.
Bajo las inconfundibles chimeneas cónicas de 33 metros con forma de botella se halla la cocina monumental. Este colosal espacio gastronómico se diseñó a medida para asar piezas enteras de caza, como jabalíes y ciervos, en grandes hogares abiertos con los que alimentar a cientos de cortesanos en los banquetes reales.
De prisión regia a museo moderno
El palacio no solo fue un lugar de recreo y descanso, sino también de cautiverio. El rey Alfonso VI, tras ser derrocado por su propio hermano, permaneció recluido en un pequeño aposento bajo estricta vigilancia durante los últimos nueve años de su vida, hasta su muerte en 1683.
El conjunto siguió funcionando como residencia real en activo hasta la caída de la monarquía portuguesa en 1910. En la actualidad, el Palacio Nacional de Sintra está gestionado por Parques de Sintra, Monte da Lua. Funciona como casa museo histórica abierta al público, donde se exhiben aposentos reales medievales y renacentistas, tapices y valiosas piezas de artes decorativas. Además, el recinto se somete a continuas labores de conservación, que incluyen el revoque artesanal y el encalado periódico de sus emblemáticas chimeneas monumentales.
FAQ
¿Por qué tiene dos chimeneas tan descomunales el Palacio Nacional de Sintra?
Estas chimeneas cónicas blancas de 33 metros de altura coronan directamente las monumentales cocinas reales. Se diseñaron a medida para ventilar los fogones abiertos donde se asaban piezas enteras de caza, como jabalíes y ciervos, con los que saciar a cientos de cortesanos.
¿Cuál es la historia de la Sala de las Urracas?
El techo de la Sala de las Urracas luce 136 urracas pintadas con filacterias que recogen el lema del rey Juan I: «Por bem». La tradición cuenta que el monarca encargó esta decoración para acallar las habladurías de la corte tras ser sorprendido regalándole una rosa y un beso a una dama de honor.
¿Por qué hay un escudo borrado en la Sala de los Blasones?
La cúpula de esta estancia exhibe los escudos heráldicos de las 72 familias nobles más poderosas del Portugal del siglo XVI. Uno de ellos, el de la familia Távora, fue raspado hasta desaparecer por orden real en el siglo XVIII, después de que sus miembros fueran ajusticiados y deshonrados por un supuesto intento de regicidio contra José I.



