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Convento de los Jacobinos: la maravilla gótica de Toulouse

Toulouse, France

Bajo una colosal palmera de piedra reposan los restos del mayor gigante de la filosofía medieval, en el interior de una iglesia que llegó a servir de establo para la caballería de Napoleón. Situado entre la Place du Capitole y la ribera del Garona, el convento de los Jacobinos es un pilar arquitectónico clave en la ruta clásica que une el centro cívico de Toulouse con sus joyas románicas.

Arquitectura gótica meridional

Construido en los siglos XIII y XIV con el ladrillo rojo plano de la zona, conocido como brique foraine, este convento dominico es una obra maestra del gótico meridional (gothique méridional). Su exterior austero, casi de fortaleza, contrasta de lleno con un interior luminoso y vertiginoso. Y aunque hoy sea célebre por su fábrica de ladrillo, los constructores medievales consideraban que el barro a la vista era un material inferior. Para disimularlo, enlucieron los muros interiores con yeso y pintaron un trampantojo de juntas rojas que imitaba sillares nobles y mármol.

La iglesia presenta un funcional diseño de doble nave, dividida a lo largo por una hilera central de esbeltas columnas de 22 metros. En su día, esto permitía a los frailes celebrar sus oficios en la mitad norte mientras el pueblo escuchaba los sermones en el sur. La luz que entra por las vidrieras proyecta reflejos cambiantes en tonos rojos, dorados y verdes sobre la piedra clara y la mampostería pintada.

La famosa bóveda de la palmera

El elemento arquitectónico más emblemático del convento de los Jacobinos es Le Palmier (la Palmera). Erigida entre 1275 y 1292, esta columna de 28 metros de altura sostiene el techo del ábside mediante 22 nervios de piedra que se despliegan en abanico. Hoy en día, hay espejos dispuestos en el suelo para estudiar la intrincada geometría de la bóveda sin dejarse el cuello. El extenso complejo cuenta además con un campanario octogonal de siete pisos, un claustro, una sala capitular, un refectorio y la capilla de San Antonino.

La tumba de santo Tomás de Aquino

Los orígenes del convento se remontan a 1215, cuando santo Domingo fundó la Orden de Predicadores en Toulouse en plena campaña contra la herejía cátara. En 1369, por decreto del papa Urbano V, los restos de santo Tomás de Aquino se trasladaron desde Italia para honrar la cuna de la orden. Sus reliquias principales descansan bajo el altar mayor. En enero de 2023, la iglesia bendijo un nuevo relicario de corte contemporáneo, creado por el artista Augustin Frison-Roche para albergar el cráneo del santo.

De cuartel militar a espacio cultural

Durante la Revolución francesa, el Estado incautó el convento y las reliquias de Tomás de Aquino se trasladaron a la basílica de Saint-Sernin para ponerlas a salvo. En 1810, bajo el mandato de Napoleón, la iglesia se transformó en cuartel de caballería y se vertieron más de 5000 metros cúbicos de tierra en su interior para nivelar el suelo para los caballos.

Tras las minuciosas restauraciones del siglo XX, el lugar recuperó su grandeza histórica. Las reliquias de Tomás de Aquino volvieron en 1974 para conmemorar el 700 aniversario de su muerte. En la actualidad, el Ayuntamiento de Toulouse gestiona el recinto como museo y monumento histórico municipal. También funciona a menudo como espacio cultural, acogiendo exposiciones temporales en el refectorio y festivales de música clásica como el célebre certamen anual Piano aux Jacobins.

FAQ

¿Por qué se llama la bóveda de la Palmera?

*Le Palmier* (la Palmera) es una columna central de 28 metros de altura construida entre 1275 y 1292. Sostiene el techo del ábside mediante 22 nervios de piedra que se abren en abanico recordando las hojas de una palmera.

¿Quién está enterrado en el convento de los Jacobinos?

Las reliquias principales de santo Tomás de Aquino descansan bajo el altar mayor de la iglesia. Se trasladaron al convento en 1369 por decreto del papa Urbano V para honrar la cuna de la orden dominica.

¿Qué ocurrió con el convento durante la Revolución francesa?

El Estado incautó el convento durante la Revolución francesa y las reliquias de santo Tomás de Aquino se trasladaron temporalmente a la basílica de Saint-Sernin para protegerlas. Hacia 1810, Napoleón transformó la iglesia en cuartel de caballería, vertiendo más de 5000 metros cúbicos de tierra en el interior para nivelar el suelo para los caballos.

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