
Cuesta de Santo Domingo: el origen del encierro de Pamplona
El tramo inicial del encierro
La cuesta de Santo Domingo es una empinada calle adoquinada del casco antiguo de Pamplona. Con unos 270 o 280 metros de longitud, este repecho constituye el tramo inicial del famosísimo encierro durante las fiestas de San Fermín. La calle asciende desde los corrales de Santo Domingo, en su base, hasta la plaza Consistorial, el enclave donde el Privilegio de la Unión otorgado por el rey Carlos III en 1423 unificó formalmente los tres burgos medievales de la ciudad. En términos geográficos, la cuesta sirve como corredor de transición directa desde la orilla del río Arga hasta el corazón histórico de la urbe.
El arranque matinal y el corredor acústico
Cada mañana, entre el 7 y el 14 de julio a las 8:00 en punto, el encierro arranca oficialmente en esta cuesta. La salida viene marcada por dos cohetes consecutivos. El primer estallido anuncia que las puertas de los corrales se han abierto; el segundo confirma que los seis toros de lidia y los cabestros que los acompañan ya han abandonado los chiqueros y han irrumpido en la calle.
Flanqueada por altos muros de mampostería y fachadas históricas, esta estrecha calle actúa como un auténtico embudo acústico. La doble detonación de los cohetes retumba con fuerza entre las paredes, seguida de inmediato por el bramido del gentío y el chasquido sordo de las pezuñas contra el adoquín. A diferencia de otros tramos posteriores vallados con doble tablón de madera, aquí no hay escapatoria lateral posible una vez que la manada se pone en movimiento. Además, como la anatomía muscular del toro le permite acelerar con enorme facilidad cuesta arriba, los astados devoran la pendiente a toda velocidad, desatando una intensidad brutal contra los corredores que suben a la carrera.
La hornacina del muro y los cánticos previos
Encastrada directamente en la pared de piedra a media cuesta, una pequeña hornacina en arco cobija una imagen de San Fermín. Cada mañana de carrera, los mozos se congregan bajo este pequeño altar a las 7:55, 7:57 y 7:59 para entonar en castellano y en euskera la tradicional súplica pidiendo protección: "A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición".
Durante el ritual, los participantes alzan periódicos enrollados hacia la imagen para marcar el compás del cántico. Estos periódicos también cumplen una función práctica durante la carrera: sirven para calcular la distancia con las astas y para desviar la mirada del animal si la situación lo exige. La costumbre nació de forma espontánea en los años setenta, cuando se colocó por primera vez una figura del santo en una ventana del antiguo Hospital Militar. Para consolidar la tradición, el ayuntamiento labró en 1981 la hornacina de piedra definitiva en el lienzo de la muralla.
Las dos figuras de San Fermín
La hornacina acoge dos tallas distintas a lo largo del año. Durante casi todo el calendario, una figura municipal descansa tras una urna acristalada y cerrada con llave. Sin embargo, durante la semana grande de las fiestas, esta imagen se retira temporalmente cada mañana para ceder el puesto a otra talla de 1978, propiedad de las peñas pamplonesas. La figura de las peñas se traslada a la hornacina antes del encierro, se engalana con flores, velas y pañuelos de las distintas peñas, y regresa a una vivienda particular para quedar a buen recaudo en cuanto concluye la carrera matinal.
De pastores a carniceros rebeldes
El traslado del ganado por las calles de Pamplona nació por pura necesidad: los pastores conducían a las reses bravas desde los sotos y pastos de la Ribera de Navarra hasta la plaza principal a caballo o a pie con la ayuda de varas. Durante el siglo XVIII, los bandos municipales prohibían terminantemente que los civiles corrieran junto a los animales. La tradición local sostiene que la costumbre moderna de correr delante de la manada surgió a finales del siglo XIX, cuando los carniceros del contiguo mercado de Santo Domingo empezaron a saltarse las prohibiciones plantándose a toda velocidad frente a las astas. En 1867, el Ayuntamiento de Pamplona reconoció formalmente la costumbre y redactó el primer reglamento oficial del encierro.
Santo Domingo durante el resto del año
La víspera de cada carrera de fiestas, los toros de lidia se trasladan por la noche desde los corrales del Gas, junto al río, hasta los corrales de Santo Domingo en un acto nocturno, silencioso y solemne conocido como el encierrillo. El resto del año, la cuesta de Santo Domingo recupera un sosiego absoluto. Vuelve a ser una tranquila arteria peatonal que conecta el paseo fluvial con el casco antiguo, donde los visitantes pasean ante las puertas de los corrales, observan la hornacina en el muro y hacen sus compras en el vecino mercado de Santo Domingo.
FAQ
¿Por qué se considera la cuesta de Santo Domingo especialmente peligrosa para los corredores?
Esta cuesta de 280 metros está encajonada entre recios muros de piedra y fachadas de edificios en lugar de vallados de madera, de modo que los corredores se quedan sin vías de escape lateral en cuanto los toros aceleran pendiente arriba.
¿Para qué sirven los periódicos enrollados que llevan los corredores?
Los corredores utilizan los periódicos enrollados para marcar el ritmo durante el cántico a San Fermín previo al encierro, medir la distancia con las astas y desviar la trayectoria de la mirada del toro.
¿Por qué se utilizan dos figuras distintas en la hornacina?
Durante casi todo el año permanece en la hornacina una talla oficial del Ayuntamiento, pero en San Fermín se instala cada mañana otra imagen de 1978 perteneciente a las peñas, adornada con flores y pañuelos, antes de volver a guardarse en una vivienda particular.
¿Qué marca el inicio del encierro en Santo Domingo?
El disparo de dos cohetes consecutivos a las 8:00 en punto: el primero avisa de que las puertas de los corrales se han abierto y el segundo confirma que los seis toros y los cabestros ya han saltado a la calle.




