
El hipogeo celta: el enigma subterráneo de Cividale
Excavado directamente en el acantilado rocoso que se asoma a la garganta del río Natisone, el hipogeo celta (Ipogeo Celtico) se oculta a unos siete metros bajo el nivel de las calles de Cividale del Friuli. Situado en la Via Monastero Maggiore, este hito subterráneo ocupa un lugar privilegiado en pleno casco histórico, a medio camino entre el puente del Diablo (Ponte del Diavolo), del siglo XV, y el templo longobardo (Tempietto Longobardo), del siglo VIII.
Pese a su arraigada vinculación con la cultura celta prerromana, el hipogeo sigue siendo uno de los enigmas arqueológicos más esquivos del noreste de Italia. Sin inscripciones, ajuares funerarios intactos ni estratos orgánicos datables entre sus muros, el verdadero origen del conjunto y su función primitiva continúan alimentando el debate.
Trazado y arquitectura subterránea
Al complejo subterráneo se desciende por una empinada y estrecha escalera labrada directamente en la roca. Abajo, las estancias esculpidas a mano se ramifican en una planta irregular con forma de letra K, articulada alrededor de una sala principal más elevada. De ella parten tres corredores a menor cota y varios recovecos secundarios.
Por todo el recinto, las huellas de picos y hachas dan fe del titánico esfuerzo manual que requirió vaciar la roca. En su interior conviven bancos tallados en la propia piedra, cornisas y hornacinas de muy diversos tamaños: desde pequeños huecos que recuerdan a repisas para candiles u osarios, hasta cavidades alargadas con toda la traza de nichos funerarios. Las filtraciones naturales a través del acantilado fluvial mantienen un microclima frío y húmedo, donde el agua satura la roca y encharca de vez en cuando el suelo de piedra.
Las máscaras esculpidas
El elemento más reconocible del hipogeo son tres toscos rostros de piedra (mascheroni) tallados en los muros subterráneos y en las entradas a los pasadizos. Con su gesto austero y una mirada de cuencas vacías, estos relieves llevan generaciones alimentando el folclore local.
Durante mucho tiempo, la tradición popular vio en este lugar un santuario pagano y esotérico, interpretando las cabezas pétreas como guardianes místicos de ritos clandestinos bajo tierra. Los anticuarios no tardaron en trazar paralelismos entre estas esculturas y la antigua costumbre celta de las cabezas cortadas (têtes coupées), una comparación que terminó por consolidar el nombre popular del monumento a lo largo de los siglos XIX y XX.
Hipótesis arqueológicas en liza
La arqueología moderna recalca que no existe ninguna prueba científica concluyente que atribuya la construcción del complejo a los celtas. Al contrario: las distintas técnicas de cantería apreciables en las salas sugieren que el hipogeo se remodeló, amplió y adaptó una y otra vez a lo largo de épocas históricas muy diferentes.
Con el tiempo, los especialistas han planteado diversas explicaciones alternativas sobre su uso original o secundario:
- Cisterna romana: una obra hidráulica ideada para recoger y almacenar el agua filtrada de forma natural por la roca del acantilado.
- Prisión subterránea: una mazmorra de alta seguridad empleada durante la dominación romana o altomedieval longobarda.
- Baño ritual judío (mikveh): una terma ceremonial adaptada a finales de la Edad Media, en torno a los siglos XIV o XV.
Conservación y acceso actual
Hoy en día, el Ayuntamiento de Cividale del Friuli conserva y gestiona el enclave como parte esencial del patrimonio arqueológico subterráneo del municipio. El acceso se coordina mediante visitas guiadas organizadas a través de la oficina de turismo local (Sportello Informacittà, en la Piazza Duomo) junto con guías espeleológicos de la región.
Este régimen de visitas controladas contrasta con lo que se estilaba hace décadas. Durante años, los curiosos que querían descender al hipogeo seguían una entrañable costumbre local: pedir la pesada llave de hierro forjado en un bar del barrio o en el mostrador del museo para adentrarse por su cuenta en el laberinto subterráneo.
FAQ
¿Fueron los celtas quienes construyeron el hipogeo celta?
No existen pruebas arqueológicas concluyentes de que los celtas construyeran el lugar. El nombre surgió sobre todo de las especulaciones de anticuarios de los siglos XIX y XX, intrigados por el aspecto tosco de sus máscaras de piedra.
¿Dónde se encuentra el hipogeo celta?
Se encuentra en la Via Monastero Maggiore de Cividale del Friuli (Italia), excavado en la pared del desfiladero del río Natisone, entre el puente del Diablo y el templo longobardo.
¿Qué otros usos se han propuesto para el complejo?
Más allá de un recinto funerario o ritual celta, los investigadores han planteado que pudo servir como cisterna romana, mazmorra romana o longobarda, o baño ritual judío (mikveh) entre los siglos XIV y XV.
¿Cómo se accedía al hipogeo en el pasado?
Antes de que se organizaran visitas guiadas oficiales, la costumbre era que los viajeros recogieran una pesada llave de hierro en un bar del barrio o en el mostrador del museo para entrar por su cuenta.
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