
Concatedral de Santa María: el hito gótico de Cáceres
El corazón gótico de Cáceres
La concatedral de Santa María se alza como el principal monumento eclesiástico del recinto amurallado de Cáceres. Situada en la monumental plaza de Santa María, esta mole de sillería de granito comparte protagonismo con residencias históricas de primer orden, como el Palacio Episcopal, el Palacio de Mayoralgo y el de Hernando de Ovando. Declarada Monumento Nacional en 1931 e integrada en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986, comparte sede episcopal con la catedral de Coria dentro de la diócesis de Coria-Cáceres.
Fundada en el siglo XIII tras la conquista de la villa por el rey Alfonso IX de León en 1229, la construcción original combinaba elementos románicos y mudéjares. Entre finales del siglo XV y mediados del XVI, la parroquia de Santa María la Mayor se demolió para levantarse de nuevo, esta vez con un rotundo estilo gótico tardío que reflejaba el poder y el prestigio de la nobleza local. Mantuvo su rango parroquial hasta 1957, año en que el obispo Manuel Llopis Ivorra promovió su elevación a concatedral.
El cruce del poder civil y religioso
Mucho antes de que Cáceres contara con un edificio consistorial, esta iglesia ya ejercía de centro neurálgico de la administración cívica. El banco de piedra labrado junto a la portada exterior servía de sede al aire libre para las reuniones del Concejo Municipal. Los regidores de la ciudad despachaban los asuntos públicos en este escaño a la sombra del templo, consolidándolo como el auténtico corazón operativo del Cáceres medieval.
Hoy en día, el templo sigue en activo. Además de las liturgias cotidianas y los ritos del cabildo catedralicio, es el punto de partida de algunas de las procesiones más veneradas de la Semana Santa. La más célebre y sobrecogedora es la salida a medianoche de la Hermandad del Cristo Negro el Miércoles Santo, un cortejo de riguroso luto y silencio que serpentea entre las oscuras calles empedradas del casco antiguo.
Arquitectura singular y un retablo al desnudo
En el interior aguardan tres naves de igual altura cubiertas por complejas bóvedas de crucería estrellada a lo largo de cinco tramos, rematadas en alto por el coro renacentista diseñado por Pedro de Marquina. Bajo los pies, el pavimento de piedra es un auténtico tapiz heráldico: lápidas labradas con los blasones de las familias más ilustres de la villa, como los Carvajal, los Mayoralgo o los Ovando.
La joya artística indiscutible del templo es su retablo mayor, tallado entre 1547 y 1551 por los escultores Roque Balduque y Guillén Ferrant. Mientras que la inmensa mayoría de los retablos renacentistas y platerescos españoles se cubrían de vivos colores y pan de oro, esta obra se concibió deliberadamente en madera vista, sin policromar. Con figuras esculpidas en cedro y una estructura en pino y roble de Flandes, el retablo confía toda su fuerza expresiva al juego de luces, sombras, altorrelieves y a la propia veta de la madera para dar vida a los pasajes bíblicos.
La torre campanario, san Pedro y el Cristo Negro
En el exterior, la concatedral queda rematada por una torre campanario renacentista de tres cuerpos, trazada por Pedro de Ybarra y levantada entre 1554 y 1556. En su fachada luce un medallón tallado con un jarrón de azucenas, símbolo tradicional de la Virgen María, y sus balaustradas superiores sirven de nido habitual a las cigüeñas blancas. A través de una escalera de caracol de piedra, es posible subir a la terraza superior para disfrutar de unas vistas panorámicas privilegiadas sobre los tejados de Cáceres.
A los pies de la torre descansa la estatua en bronce de san Pedro de Alcántara, patrón de Extremadura, esculpida en 1954 por Enrique Pérez Comendador. Es casi un rito: los paseantes suelen tocar o besar los dedos descubiertos de la imagen para atraer la buena suerte, dejándolos tan pulidos y dorados que destacan frente al bronce oscuro y las toscas paredes de granito.
En el interior, la capilla de los Blázquez cobija al Cristo Negro del siglo XIV, una sobrecogedora talla crucificada en madera oscura identificada a menudo como iroko africano. Durante generaciones, la tradición popular advirtió de que quien contemplara o tocara la figura sin profunda devoción y los rezos preceptivos caería en desgracia, quedaría ciego o sufriría una muerte fulminante. La sacristía anexa alberga un museo de arte sacro que expone sepulcros históricos, reliquias y valiosas piezas de orfebrería litúrgica.
FAQ
¿Por qué está sin policromar el retablo mayor de la concatedral?
A diferencia de la mayoría de los retablos renacentistas españoles, repletos de oro y policromía, los escultores Roque Balduque y Guillén Ferrant dejaron la madera de cedro, pino y roble de Flandes al natural. Así, el relieve de la talla, la luz y la propia veta son los auténticos protagonistas de la obra.
¿Qué función civil desempeñaba la portada de la iglesia?
Antes de que la ciudad contara con un ayuntamiento propio, el banco de piedra labrado en la portada exterior servía de sede al aire libre para las reuniones oficiales del Concejo Municipal.
¿Qué leyenda envuelve al Cristo Negro?
Custodiado en la capilla de los Blázquez, la creencia popular aseguraba que este crucifijo de madera del siglo XIV traía desgracias, ceguera o incluso una muerte repentina a quien lo tocara o lo mirara sin una fe profunda y las debidas oraciones.
¿Por qué brillan los dedos de la estatua de san Pedro de Alcántara?
La escultura en bronce realizada en 1954 por Enrique Pérez Comendador es el centro de una tradición local: los transeúntes le tocan o besan los pies para tener buena suerte, desgastando el bronce hasta dejarlo con un brillo dorado.




