
Casas colgadas: las casas medievales sobre el abismo de Cuenca
El monumento más famoso de Cuenca no es una fortaleza ni una catedral, sino tres casas medievales suspendidas sobre un tajo vertiginoso de roca caliza. Encaramadas en el límite oriental del casco histórico alto, las Casas Colgadas desafían el vacío de la hoz del Huécar. Reconocidas como elemento esencial de la «Ciudad histórica fortificada de Cuenca», declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, y catalogadas como Bien de Interés Cultural en 2016, este complejo sirve de hito visual indispensable que conecta la Plaza Mayor y la catedral de Santa María y San Julián con el audaz puente de hierro de San Pablo, tendido sobre el abismo.
Orígenes medievales y arquitectura
El conjunto que ha sobrevivido hasta hoy lo forman tres viviendas conectadas entre sí que se remontan a los siglos XIV y XV: la Casa de la Sirena y las dos Casas del Rey anexas (conocidas también como la Casa Bajada a San Pablo). Levantadas según los cánones del gótico vernáculo, estas residencias bajomedievales combinan muros de mampostería reforzados con sillares en las esquinas, revocos de yeso, entramados de madera de pino y unos espectaculares balcones voladizos suspendidos a gran altura sobre el fondo del valle.
Los archivos municipales y eclesiásticos más antiguos confirman que en origen fueron residencias privadas de dignatarios de la catedral. Los documentos de compraventa mencionan al arcediano Gil Ramírez de Villaescusa antes de 1469 y al canónigo Gonzalo González de Cañamares en 1481.
Evolución y la restauración de 1927
Los tres edificios en pie son apenas el vestigio de una hilera entera de casas asomadas al precipicio que antaño bordeaban la hoz. En 1565, el dibujante flamenco Anton van den Wyngaerde dejó constancia de esa línea ininterrumpida al borde del abismo en su panorámica Cuenca desde el este. Con el paso de los siglos, la erosión de la roca, la intemperie y el abandono provocaron la demolición o el derrumbe de casi toda la hilera. Durante buena parte de los siglos XVIII y XIX, las que resistieron quedaron subdivididas en casas de vecindad para familias humildes.
Hacia la década de 1920 solo quedaban tres inmuebles intactos. En 1927, un ambicioso proyecto de restauración municipal consolidó las fachadas e incorporó los balcones voladizos de madera de pino que hoy definen su inconfundible silueta. A principios de los años sesenta, el arquitecto municipal Francisco León Meler completó un refuerzo estructural exhaustivo para salvaguardar los edificios y destinarlos a un uso cívico y cultural.
Vida cultural y uso actual
Hoy en día, las Casas Colgadas aúnan conservación histórica y vanguardia contemporánea. En 1966, el artista y mecenas Fernando Zóbel, con la estrecha colaboración de Gustavo Torner y Gerardo Rueda, fundó entre estos muros el Museo de Arte Abstracto Español. Donado a la Fundación Juan March entre 1980 y 1981, el museo exhibe obras de figuras capitales del arte español del siglo XX, como Antoni Tàpies, Antonio Saura, Eduardo Chillida o Eusebio Sempere. En su interior, la pulcritud de las salas de exposición contemporáneas dialoga con los techos bajos medievales y los dinteles de madera vista asomados a la hoz.
Más allá del arte, el conjunto cuenta también con una destacada presencia gastronómica. La rehabilitada Casa de la Sirena y la Bajada a San Pablo albergan el restaurante Casas Colgadas, distinguido con una estrella Michelin y dirigido por el chef Jesús Segura.
Leyenda local y matices del nombre
En Cuenca no se perdona el desliz: son Casas Colgadas, nunca casas colgantes. Los conquenses insisten en la distinción: las casas están firmemente ancladas al farallón rocoso, no meciéndose en el aire, una sutileza que el humorista local José Luis Coll se encargó de popularizar con su habitual agudeza.
El nombre de la Casa de la Sirena procede también de la leyenda local. Cuenta la tradición que en el siglo XIV vivía allí recluida Catalina, amante del infante Enrique de Trastámara. Tras la trágica pérdida de su hijo, la joven se arrojó al vacío desde el peñasco. Decían que sus lamentos desgarrados, reverberando por la hoz del Huécar, se parecían al triste canto de una sirena.
FAQ
¿Por qué se llaman Casas Colgadas y no casas colgantes?
La tradición conquense es inflexible: son «Casas Colgadas» y no «casas colgantes». La expresión recalca que los edificios están firmemente anclados a la roca viva, no suspendidos ni balanceándose en el aire.
¿Cuándo se construyeron sus emblemáticos balcones de madera?
Aunque las estructuras de piedra se remontan a los siglos XIV y XV, los característicos balcones voladizos de madera se instalaron durante unas obras de restauración municipal en 1927.
¿Qué albergan hoy las Casas Colgadas?
El recinto alberga el Museo de Arte Abstracto Español, gestionado por la Fundación Juan March y con obras de maestros como Antoni Tàpies o Eduardo Chillida, además del restaurante Casas Colgadas, galardonado con una estrella Michelin.
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